ESTE TEXTO LO ESCRIBÍ Y PUBLIQUÉ EN LIBRO DE ARENA EN JULIO DE 2007, POR DESGRACIA HOY SIGUE VIGENTE.
¿HASTA CUÁNDO?
Decía mi paisano y siempre admirado Antonio Machado, que “todo necio confunde valor y precio”, una de mis frases favoritas por el hondo significado que encierra, y recordando aquella frase y al hilo de una fotografía que contemplé recientemente con estupor, me hago una pregunta ¿cuánto cuesta la vida de un niño?
La foto en cuestión era de la de un bebé ensangrentado con una herida abierta en la cabeza y cara de espanto. Lo menos importante era el pie de la fotografía, por desgracia podemos colocarle distintos comentarios pero las víctimas vienen a ser siempre las mismas, inocentes criaturas que simplemente pasaban por allí o cometieron el error de nacer en el lugar equivocado y en el momento menos idóneo. En este caso concreto era la víctima de un error de cálculo, uno más, de las fuerzas de la OTAN a la hora de bombardear una zona determinada de Afganistán. Eso sí, las autoridades incompetentes habían pedido perdón, con eso todo solucionado.
Podríamos iniciar un debate sobre quiénes son los culpables de estos conflictos. Unos dirán que son los locos fundamentalistas islámicos que ponen bombas en los trenes o estrellan aviones contra edificios, en cambio habrá quienes responsabilicen a los gobiernos occidentales que devastan zonas del llamado tercer mundo en busca de extender su poder hegemónico, sobre todo si en esa zona hay petróleo, gas o cualquier otra riqueza. Como decía Henry Kyssinger “Dios ha querido que el petróleo se encuentre en países donde ni lo necesitan, ni saben utilizarlo, así que nosotros debemos dominar esas zonas porque sí lo necesitamos y sabemos darle uso”, clarísimo ¿no?
Sean culpables unos u otros lo cierto es que asistimos a una escalada de violencia, el ojo por ojo está a la orden del día, si tu atentas contra los míos yo bombardeo a los tuyos, si tu explotas mis riquezas yo asesino a tus turistas y al final todos tuertos.
Lo que es indudable que el supuesto orden mundial es un auténtico desorden y un escándalo, el 80% de la riqueza mundial es disfrutada sólo por el 20% de la población del planeta, es lógico que quienes pasan hambre quieran arribar a nuestras costas, lo raro es que no se decidan por acabar con nosotros. De todo este panorama pesimista, lo que más me duele es el precio de la vida de un niño.
En occidente nuestros hijos viven relativamente bien, tienen juguetes, estudios, sanidad, ropas de marca, vacaciones y múltiples oportunidades de "ser felices", en cambio en otras zonas del planeta, incluso a veces en nuestro país, los niños carecen de ropa, calzado, escuela, medicinas, juguetes, incluso comida, algunos de ellos mendigan o se ganan "la vida" trabajando como esclavos, prostituyéndose o ejerciendo de soldados. En la India se venden niños por 12 euros, por ese dinero yo voy a ver con mi hija una película en el cine.
El cordón umbilical de las hijas de "nuestros príncipes" (míos no lo son desde luego), ha sido congelado como medida preventiva, otros niños son secuestrados y asesinados para traficar con sus órganos.
No sé que pensaréis, para mí está claro que el valor de una vida, sobre todo infantil, tiende al infinito, la naturaleza no tiene mejor paisaje ni mayor riqueza que la sonrisa de un niño, por desgracia lo que no está claro es cuál es el precio de una vida.