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viernes 30 de septiembre de 2011

GRANADA

Atardeceres callados prendían de mis pupilas. Entre mis manos, en la presentida soledad de un otoño recién nacido pero aún azul, circulaba todo el viento de la nostalgia legendaria. Un poema asomaba al vértigo de los latidos desbocados y un frescor de agua nueva iba anegando mis labios.
En la piedra tosca y milenaria, todos los rayos de un sol embelesado decidían anidar y sus reflejos humanizaban los epidérmicos muros antes pétreos.
Ecos de voces aparentemente confusas elevaban sus plegarias a los dioses del todo y la nada y bocas enamoradas declaraban con sus besos su eterna pasión a los etéreos duendes de las fuentes cadenciosas.
No buscaba ya respuestas a tanto misterio esbelto, ni razones al embrujo que se oculta tras los velos de la belleza intocable, sólo esperaba que el tiempo se congelase en sus calles como la nieve recordada de otro invierno sigiloso y que mi alma ya anclada a un jardín de oleajes permanentes no necesitase más que el recreo de un cuerpo desnudo.
Mis pies reconocieron entonces los caminos de los que no se regresa y anaranjados aires pintaron cirros deshilachados en una bóveda trazada con magia devocional.
Podía la tierra detenerse, cristalizar los relojes las horas que no existieron y paralizarse el pulso de un mundo que ya no atienda más que a huecas avaricias, podían olvidarse las luces confundidas de mi ayer y desdeñarse la claridad deseada del mañana porque nada le faltaba a mi universo.
Quise poner un nombre a tanta realidad embriagadora y como antes a tantos otros, vino a rescatarme la palabra Granada y como dijo el poeta, entendí por qué se llora y entendí por qué se mata, sólo que yo no necesité más lágrimas que el mar de unas caderas derramadas, ni más guerras que las libradas entre sábanas de caricias, porque todo el sur que contemplé, todo el paraíso que respiré y toda la fe que defiendo la vi reflejada en los ojos de Elvira.

8 comentarios:

Lola dijo...

Gracías

Erato dijo...

Hay ciudades que marcan los corazones de fuego y agua.Me alegra que Granada te haya regalado el duende de sus piedras y sus gentes entre el musgo de sus murallas.Solo los corazones que vibran en las horas mágicas del ensueño llorarán Granada o cualquier otra ciudad de este sur que pocas veces se entiende y que es mejor sentir.Un texto bellísimo, Rafael.Enhorabuena.Un abrazo

superdemonio dijo...

Imposible vivir en Granada y no sentir en el corazón la llama revitalizadora de la poesía.

Lástima que haya allí demasiada gente con mala hostia. Porque la ciudad en sí, a grandes rasgos, es puro embrujo.

Cordiales saludos,
Rafael Ángel

RAFAEL MÉRIDA dijo...

Muchas gracias Lola por seguir ahí.

RAFAEL MÉRIDA dijo...

Gracias a ti Erato por tus palabras y tu visita que siempre reconforta y engrandece este rincón. Un abrazo

RAFAEL MÉRIDA dijo...

Estoy de acuerdo contigo Rafael Ángel, la ciudad es puro embrujo, en cuanto a sus gentes, yo hasta ahora he tenido mucha suerte con la gente que he coincidido. Un saludo y gracias por pasar.

Sorti dijo...

Ese Paseo de los tristes...
Ese mirador de San Nicolás...
Ese Darro...
Duende y embriaguez...
Saludos.

RAFAEL MÉRIDA dijo...

Gracias Sorti por tu visita que siempre engalana este rincón. Saludos